direccion-arte-pintura-cueva

Arriba las manos

Faltaban aún 38.000 años para que se construyeran las pirámides de Egipto, cuándo alguien creó la imagen de su propia mano sobre la pared de una cueva, más tarde se irían añadiendo la de otros muchos, creando las imágenes más potentes, al menos para mí, del llamado arte rupestre. No son representaciones de animales, de escenas de caza o de danzas, es la representación del YO.  

Las imágenes de manos humanas aparecen en distintos lugares de todo el mundo, separadas en el espacio y en el tiempo. No sabemos, ni sabremos nunca, su significado pero si sabemos que responde a algo tan profundamente humano como el nacimiento del pensamiento simbólico, la mente abstracta y la necesidad de comunicación. De comunicarnos tal vez su propia existencia, de transcender en el tiempo. En cualquier caso nos resultan cercanas, familiares, de alguna forma acorta la distancia entre nosotros y ellos.  

De lo que hablo es de alguien que quiso dar un mensaje y que para hacerlo creo una imagen, solo mental en principio, y que aplicando una cierta técnica, y en muchos casos un criterio estético, la transformo en una imagen física, real, cuyo resultado es inquietantemente moderno, contemporáneo y con valores artísticos innegables. 

¿Soy yo o esto se parece y mucho, a lo que en esencia consiste la dirección de arte? Como director de arte me hace pensar que cuando estamos frente a un ordenador trabajando en el diseño de una gráfica, estamos repitiendo algo que en esencia, se “inventó” hace 38.000 años y del que nos separa solo la técnica y el carácter de nuestro mensaje, además de nuestra propia evolución cultural y sicológica.  

Y como director de arte, también, me hace sentir admiración hacia nuestr@s colegas ancestrales.  

Carlos de Vidania, Profesor del Curso de Dirección de Arte