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Tú procastinas y lo sabes

Fundamentalmente porque lo hace todo el mundo.

Esta palabra de enrevesada pronunciación, procrastinación, significa aplazar. Es decir, al revés que el famoso refrán, “dejas para mañana lo que podías haber hecho hoy”. Y al decir mañana, no se concreta si es el mañana inminente, que tampoco suele serlo.

En definitiva, es ir aplazando lo que tienes que hacer que no te apetece y que ya percibes como algo fatigoso, largo, arduo y de mucho esfuerzo  y haces lo facilón, lo que tiene rápida resolución, te va a dar más satisfacción  y -reconócelo- vas a darte el gustazo de tachar en rojo de tu lista de tareas pendientes.

¿A qué lo haces? Siiiii… Lo hacemos todos, seamos honestos.

La cuestión es que en marketing procrastinar puede ser perder ESA oportunidad. Esa justamente. La que buscas tú o tu empresa para lo que podría ser, quizás, una gran solución para el mundo, mediomundo, mundoentero puestos ya a exagerar.

Procrastinar puede ser para nosotros confiar demasiado en nosotros mismos. Confiar en la creatividad y entusiasmo que tenemos “de serie” y que nos van a sacar del problema en cuanto nos pongamos a ello.

Pero ¿Y si no es así? ¿Y si delegamos en nuestras capacidades naturales una responsabilidad que las supera?

La procrastinación en nuestro campo puede suponer la diferencia entre acertar plenamente o ser un segundón con tufete a plagio. O hacer una campaña plana. O trabajar en un contenido sin la ambición de convertirlo en adictivo. Suena fuerte, pero no me niegues que a veces es dolorosamente cierto.

Nuestras mentes suelen estar en continua ebullición. Solemos “disparar” en multitud de direcciones y el parloteo mental forma parte de nuestra personalidad. De ahí la fama de despistados o hablar solos (No me pasa a mí solamente, no?) Pero hay un momento de flojera en el que damos al stop y como Escarlata O’Hara decimos “ya lo pensaré mañana”.

¿Pereza? ¿Cansancio? ¿Saturación? Todo cierto y posible. Pero también peligroso.

El ritmo de vida que llevamos de acumulación de tareas y tener que ser multifuncionales y rápidos nos lleva a la procrastinación.  Gestionamos mal nuestro tiempo porque queremos hacer muchas cosas y perdemos la perspectiva de lo prioritario. Hacemos mucho pero muchas veces en el orden indebido.

Una buena planificación, un pasito a paso, un “quiero hacer” en vez de un “tengo que ponerme”, son actitudes que dan buenos resultados. Poner en orden nuestros procesos creativos en nuestra cabeza es imprescindible.

“Colocando” la creatividad hay muchas más posibilidades de no procrastinar. Gestionar las ideas no es fácil, pasar el auto-tamiz después de la dosis de realidad y consciencia necesarias es una flagelación para el ego creativo… Pero si pasamos estas fases ya sólo queda superar las ganas de postergar. Después de todo este proceso visceral, que nos quedemos ahí no tiene sentido.

Un último esfuerzo que bien puede convertirse en una grata recompensa. HOY es la respuesta.

Y ahora discúlpame que te deje, pero me ha dado un gran remordimiento de conciencia y me voy a poner ya a escribir otro artículo.

Vaya con la procrastinación : (

Nuria Jiménez
Ex alumno del Curso de Copy
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº06

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