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Primeros pasos en publicidad

Un día, en mitad de una conversación, descubres que existe, la observas y te das cuenta de que quieres que seáis algo más. Ella aún no lo sabe, pero tu ya quieres formar parte de su vida. Empiezas conociendo su entorno, evalúas las diferentes estrategias para llamar su atención y sopesas las posibilidades que podrías llegar a tener.

Durante un tiempo te centras en cuales serán tus mejores cualidades. Eres creativo, te apasiona escribir, el diseño gráfico no se te da nada mal e incluso estás a la última en cuanto a redes sociales. Pero sabes que ella no se va a con cualquiera, tienes que tener ‘algo’. Ese algo que te haga destacar entre la multitud de candidatos y que le saque los colores de vez en cuando.

Así que una mañana, tras reunir las suficientes agallas, coges la chaqueta, afilas la lengua y, con una decente carta de presentación bajo el brazo, sales a por ella. Llevas un ramo de flores. Girasoles en este caso, quieres sorprenderla y tratar de ser original. Tienes aprendidas de memoria varias frases y algún que otro chiste de los malos, que son los mejores. Y tras imaginar el encuentro, por fin llamas a su puerta.

¡Dios, cómo impone! –piensas-. Y de repente su carácter arrollador te barre de arriba a abajo. No sirve de nada la estrategia, las muletillas o los ases guardados en la manga. Te mira con esa indiferencia que te desespera y a la vez te desata. Eres uno más entre los cientos que esperan en su puerta. Ella pronuncia las palabras por compromiso y te despacha en menos tiempo del que habías tardado en decidirte a llamar. Y entonces, entiendes que no hay reglas, no hay fórmulas mágicas o rumbos a seguir. No valen poemas, regalos o joyas preciosas. Ella no es así. ¿Ella? Ella usa Convers. Los tacones los deja para ocasiones especiales. Se viste con lo primero que pilla y no le importa el aspecto que tenga. Se suele recoger el pelo con un lápiz y en su mesita de noche no faltan libros. Es atrevida, vivaz e indiferente ante todos. Y, sobretodo, nunca presumiría de su habilidad para reinventar la rueda.

Llegas a casa con el sentimiento de derrota, pero en el fondo sabes que has nacido para estar con ella; para hacerla reír, para sorprenderla. Así que, te pones manos a la obra. Aprendes de los maestros y escuchas cada consejo que llega a tus oídos. Te encierras en tu cuarto y hasta que no tienes una idea lo suficientemente buena como para hacer ruido, no abandonas.

Vuelves a la carga. Superas el miedo del primer rechazo, del segundo, del tercero…Hasta dudas de lo que te dijo tu padre: quién la sigue la consigue y ya piensas en conformarte con otra. Pero sigues luchando porque una vez que consigues entrar en su vida, la tuya cambia…

…Y es que la publicidad es lo que tiene.

 

Francisco J. Rincón Liévana | Creativo a saldo • Ex alumno del Máster Creatividad Publicitaria
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº05