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En ocasiones veo creativos

A veces intuyo la figura de un adolescente poniendo en marcha todos sus conocimientos sobre branding con objeto de conquistar a la chica de sus sueños. Haciendo un auténtico ejercicio de restyling para potenciar su marca personal y conseguir un buen feedback. Otra veces adivino parejas haciendo compra programática en el supermercado, desarrollando sus habilidades innatas sobre contabilidad creativa para exprimir un exiguo presupuesto con el que poder llegar a fin de mes. He visto enfermeras improvisando divertidos sketches sin guión ni story board, para lograr el mayor número de sonrisas entre su heterogéneo público objetivo.

Se me aparecen maestros utilizando desconocidas estrategias de marketing directo para alcanzar un alto índice de impactos entre sus alumnos, dejándose la piel para rescatar de las garras de la ignorancia a los futuros consumers. En ocasiones me imagino a mi mujer, como cada mañana, tratando de convencer sin Power Point ni retroproyector y en un tiempo récord al cliente más duro, mi hija, de que se vista para ir al colegio con un look que se ajuste a sus demandas estéticas al tiempo que la protege contra las inclemencias meteorológicas.

A veces veo padres expertos en story-telling, inventando historias cada noche para dormir a sus hijos. Y no puedo evitar pensar en esos cientos, miles, millones de hombres y mujeres creativos que atraviesan a diario mares, países, continentes… buscando cada minuto soluciones contra el hambre y el frío, exprimiendo sus cerebros para mantener su dignidad y evitar que sus hijos pierdan la inocencia antes de tiempo.

Y me viene a la cabeza el personaje de Guido Orefice (magistralmente interpretado por Roberto Begnini), reinventando la cruda realidad para proteger la infancia de su hijo Josué. Y de repente veo muchos Guidos, creativos obligados a serlo por necesidad o por amor. Gente que no entiende de timings, ni de PPMs; que nunca ha oído hablar de GRPs ni de neuromarketing, que no sabe nada de branded content o marketing de resultados. Personas que no conocen las últimas tendencias, que no han estado en un shooting ni han participado en un rodaje y les importa un rábano los premios que pueda recibir una campaña, un spot o una agencia de publicidad.

Súbitamente abro los ojos y me doy cuenta de lo complejo de un briefing donde el target no entiende de edades, razas, sexo o religión; donde el objetivo no es otro que ser felices y tratar de que los demás también lo sean; donde el producto somos nosotros mismos y el planeta que habitamos; el retrotiming es cada vez más ajustado y no hay presupuesto ni recursos… y me da miedo el proyecto… y pienso que cualquiera en su sano juicio rechazaría el trabajo. Entonces miro a mi alrededor y descubro un creativo en la persona con la que decidí compartir mi vida y otro en aquella que me engendró; veo creativos en cada uno de los profesores que me educaron, en los amigos y en las personas con las que he trabajado, incluso veo un pequeño gran creativo en cada niño… Y respiro tranquilo, porque un sexto sentido me dice que al cliente le va a convencer nuestra propuesta. Porque sé que llegaremos a tiempo.

Porque sé que todo va a salir bien…

Óscar López Moreno | Aprendiz de creativo • Ex alumno del Curso de Copy
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº05