Brainstorming: la madre de todas las técnicas creativas

¿Qué hacer cuando no aparece la inspiración? ¿A qué recurrir cuando no surgen las ideas? ¿Debemos resignarnos y tirar la toalla? Rotundamente, no. Existen técnicas que nos ayudan a producir ideas de forma rápida y sencilla. El brainstorming es la técnica más famosa y es también la más utilizada para desarrollar la creatividad. Desde hace casi un siglo viene ayudando a legiones de profesionales a luchar contra el papel en blanco. Sin embargo, la archiconocida “tormenta de ideas” no siempre se practica de forma rigurosa. Muchos profesionales han convertido el brainstorming en un gallinero improductivo y estéril que demasiadas veces conduce a un callejón sin salida. Para entender bien qué es el brainstorming, comencemos por su contexto histórico. El brainstorming nació en 1939 y fue invención de un creativo publicitario llamado Alex Osborn. Nacido en el Bronx en 1888, Alex Osborn – la O de la multinacional norteamericana BBDO, que tantas campañas memorables ha dejado para el recuerdo – fue sobre todo un gran observador de la realidad. Esa capacidad de análisis le llevó a convertirse en un teórico de la creatividad publicitaria. Su observación de la práctica cotidiana le llevó en 1939 a desarrollar el brainstorming, un método al que acudían él y sus creativos cuando necesitaban generar ideas. Sin embargo hubo que esperar hasta 1954, fecha en la que Alex Osborn publicó el libro “Imaginación aplicada”, para poder conocer a fondo los fundamentos del brainstorming.

Brainstorming: 4 reglas básicas

¿Pero en qué consiste el brainstorming? Para comprender su mecánica, hay que aceptar cuatro reglas básicas:

Elimina el juicio

Para que un brainstorming funcione debes evitar cualquier critica. Para que las ideas fluyan y la sala se inunde de un ambiente creativo y proactivo, nadie debe juzgar las ideas de los demás. Más tarde llegará el momento de la evaluación y se seleccionarán las mejores ideas. Ahora se trata de soltarse la melena y proponer soluciones diferentes, sorprendentes, incluso disparatadas e insolentes. En esta fase hay que luchar contra nuestra mente analítica, tan perfectamente entrenada durante años de una educación basada en el pensamiento lógico y racional.

Piensa con total libertad

Todos los participantes deben expresarse libremente, sin filtros ni reparos. Las ideas imposibles y descabelladas siempre serán bien recibidas. Rebasa todos los límites y da rienda suelta a la imaginación. El ambiente debe estimular la creatividad y la jerarquía debe quedarse fuera de la sala. En una sesión de brainstorming todos somos iguales: clientes, jefes, empleados, becarios. Nadie debe coaccionar a otros por su cargo.

La cantidad cuenta

La calidad de las ideas producidas dependerá en gran medida de la cantidad de ideas que surjan durante una sesión de brainstorming. Generar un elevado número de ideas garantiza que, a la hora de seleccionar las mejores, la posibilidad de contar con buenas ideas se dispare. Algunos expertos en brainstorming comienzan sus sesiones estableciendo un número objetivo de ideas, que puede oscilar entre las 60 y las 100. Cuantas más ideas surjan, mayor será la posibilidad de encontrar buenas ideas.

Efecto multiplicador

Las sesiones deben ser un modelo de trabajo en equipo. Todos los participantes pueden sugerír cambios en las ideas de los demás o inspirarse en las ideas de otros participantes para crear nuevas ideas. En un brainstorming las ideas no tienen dueño. Trabajar en grupo fomenta la variedad y permite el nacimiento de propuestas sorprendentes e innovadoras. Mezclar unas ideas con otras suele producir soluciones inesperadas.

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Cómo realizar un brainstorming

Para organizar una sesión de brainstorming es conveniente seguir unos sencillos pasos que ayudan a establecer una metodología clara y fácil de implementar. En el Máster de Creatividad Publicitaria que impartimos en Aula Creactiva te enseñamos a utilizar esta y otras técnicas para producir ideas. 

1º. Define el objetivo

¿Qué quieres conseguir con el brainstorming? Define con la mayor exactitud posible el problema que los participantes deben abordar. No divagues, sé muy claro y concreto. El punto de partida no debe lugar a dudas.

2º. Define el grupo de trabajo

Procura que sea un grupo reducido. Intenta no superar las 8 personas. Es importante que todo el mundo se sienta útil en cada sesión. Invita a las personas adecuadas, ni más ni menos. Además deberás elegir un moderador, que debe ser una persona que sepa liderar la sesión con autoridad y que a la vez pueda estimular la creatividad en los demás. El moderador repartirá los turnos equitativamente y deberá garantizar un ambiente distendido y relajado.

3º. Explica bien las reglas

Recuerda las cuatro reglas básicas que has leído anteriormente. Explícalas claramente y asegúrate de que todo el mundo ha entendido bien las reglas. Procura también que se respeten los turnos de intervención, así como los tiempos asignados a cada participante.

4º. Calienta antes de empezar

Dedica los primeros momentos de la sesión a crear un ambiente distendido y relajado. Propón algún juego divertido que ayuda a romper el hielo y provoque sonrisas. La creatividad comenzará a fluir más deprisa si el grupo baja la guardia y se abre a nuevas experiencias.

5º. Practica el brainstorming

Ha llegado el momento de la verdad. Utiliza materiales de apoyo como una pizarra o un panel donde puedas escribir. Reparte libretas y bolígrafos entre todos los participantes. Anota todas las ideas que vayan surgiendo, no dejes escapar ninguna. Permite que todos los participantes expongan sus propuestas con libertad. Haz respetar los turnos y los tiempos. Cuando acabe la sesión, asegúrate de que tienes un número suficiente de ideas.

6º. Evalúa las ideas

Ahora sí es el momento de juzgar. Reduce el equipo a las personas idóneas. Deben ser las personas que tengan que asumir la responsabilidad en la toma de decisiones. Tres o menos es lo más recomendable. Evalúa cada idea desde diferentes puntos de vista. Descarta las ideas que creas que no funcionarán.

7º. Selecciona las mejores ideas

Elige las ideas que consideres que resolverán mejor tu problema. Intenta reducir a tres opciones tu selección final. Realiza un análisis exhaustivo de estas tres últimas opciones y estudia la viabilidad de cada una. Si puedes, téstalas. Y finalmente quédate con la que más te convenza.