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Para gustos los colores

La vida es color de rosa”, “verde que te quiero verde”, “lo veo todo negro”, “es una ciudad muy gris”…Los colores están en boca de todos, muy presentes en nuestras sensaciones. Además de percibirlos por la vista, nos sirven para describir nuestros estados de ánimo.

Aunque dicen que “para gustos los colores”, hay ciertos patrones de gustos comunes para casi todas las personas. Y es que se podría decir que existe una Psicología del Color. Así se titula el libro de Eva Heller, psicóloga experta en teoría del color. Tras una encuesta a 2.000 hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 14 y 97 años, el 45% de los encuestados eligió el azul como el color favorito y el 20% el marrón como el menos deseado. ¿Pero qué hace que tantas personas coincidan en valorar más el azul, el verde o el rojo que el marrón, el rosa o el gris? ¿Qué factores psicológicos, emocionales o culturales se esconden tras estas estadísticas?
Hay muchos factores que influyen en la elección de un color. Para un diseñador es muy importante conocer las emociones que transmite cada color a la hora de elegir uno u otro en sus piezas gráficas. No puedes decir a un cliente que elegiste el naranja para su logo porque es el color favorito de tu hijo…Hay argumentos de peso detrás de cada decisión en un diseño. Entonces, ¿cómo actúan los colores sobre los sentimientos?

Estos apuntes extraídos del libro “Psicología del Color” pueden ser muy útiles en tus decisiones como diseñador:

AZUL: “Es el color preferido. El color de la simpatía y la fidelidad”. Si tengo una entrevista de trabajo, definitivamente me pondría una camisa azul.

ROJO: “El color de las pasiones – del amor al odio. Alegría y el peligro”. Si ves una araña en la selva, corre. Si es roja, ¡¡corre más!!

AMARILLO: “El color más contradictorio. Optimismo y celos. Diversión y traición”. Complicado. Si tuviera dudas, no usaría el amarillo.

VERDE: “El color de la fertilidad, la esperanza y la naturaleza”. ¿Has visto algún logo de una empresa ecológica que no sea verde?

NEGRO: “El color del poder y de la elegancia”. Los logos de Armani, Dolce & Gabbana y Calvin Klein son negros. Y es que el negro pega con todo.

BLANCO: “El color más importante de los pintores. El color del bien y de la perfección”. Casi cualquier diseño sobre fondo blanco queda bien. Las versiones blancas de los logotipos funcionan a la perfección.

NARANJA: “El color de la diversión. Exótico y llamativo”. Si necesitas transmitir juventud, energía y buen rollo, no dudes en contar con el naranja.

ROSA: “Dulce y delicado, escandaloso y cursi”. Un color culturalmente asociado a la feminidad. El peso de los prejuicios culturales.

MARRÓN: “Color de lo acogedor, de lo corriente”. Un color feo para la mayoría pero que está presente en todas partes.

GRIS: “El color del aburrimiento”. Ojo, el gris no es tan malo. Combina muy bien con otros colores. Un ligero gris de fondo puede ayudarte en muchos diseños.

Olmo Rodriguez Moreno / Materiagris
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº07

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¿10.000 horas? ¡Está chupao!

Seguro que hemos escuchado muchas veces: “para convertirse en experto en una materia, necesitarás al menos 10.000 horas de práctica”. Lo dijo el psicólogo K. Anders Ericsson.

No pretendo afirmar la validez de ese postulado, pero me da pie para compartir una idea músculo que me impulsa en esta carrera llamada diseño. ¿10000 horas son suficientes? No, ¿Entonces? ¿Seríamos capaces de dedicar 10000 horas a algo que no nos gusta? Exacto, no. Para ser buenos en algo lo primero es saber que eso que hacemos nos apasiona. Cuando te apasiona algo eres capaz de hacerlo cada día, por muchas horas y más aún, es decir, pensar en 10000 horas (si ese postulado fuera cierto) ya no es una tarea titánica sino más bien algo alcanzable y natural. Cuando una actividad es una pasión en nuestra vida lo hacemos con alegría y los sacrificios son bienvenidos con una sonrisa. Es lógico, cuando hay amor por algo el esfuerzo es un descanso y cuando hay amor siempre hay tiempo y cuando hay tiempo hacemos lo que nos llena.
Si, suena romántico, lo sé, pero es mi vivencia y la vivencia compartida con otros colegas y amigos de otras disciplinas.
Pero esa pasión no solo es por la profesión que hemos elegido (el diseño) sino también apasionarte por cada proyecto y por el cliente. Si creen en los objetivos, los servicios y producto del cliente potencial, entonces con la mayor alegría y convicción elaborarás tus proyectos, porque serán proyectos en los que crees. ¿Quién no desea clientes con quienes puedas crecer paso a paso?, clientes en quienes creas en su filosofía, en sus objetivos y apasionarte por verlos crecer, sentir pasión por su visión. Si ocurre así, sin duda el trabajo será perfecto y limpio. El proceso creativo no admite tristezas, es un proceso que genera sentimientos de satisfacción y alegría, y eso solo se da cuando crees en el cliente y el proyecto.
Por eso creo que la clave de nuestro trabajo está en saber qué queremos hacer, qué área de la comunicación se nos da bien y nos apasiona imaginarnos hacerlo por muchos años. Pero también identificarte con el cliente y buscar aquellos en los que te sientas confortable trabajar. Porque el trabajo debe ser motivo de alegría.
¿Y qué ocurre con los desafíos? Los hay, siempre, pero si te apasiona la profesión, las dificultades las verás como bendiciones disfrazadas.
¿Y por qué poner tanto énfasis en tener pasión? Porque de las 24 horas que tiene el día al menos un tercio la dedicamos a actividades relacionadas al trabajo y si el trabajo que haces no te apasiona entonces ese lastre es una carga muy dura cuya factura se siente a la larga.
Tanto hablar de pasión ya me dio el calentón, voy a correr la tinta que hay mucho por diseñar 🙂
Un abrazo.

Ricardo Peralta • diplomatura Creatividad publicitaria 2012
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº07

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Primeros pasos en publicidad

Un día, en mitad de una conversación, descubres que existe, la observas y te das cuenta de que quieres que seáis algo más. Ella aún no lo sabe, pero tu ya quieres formar parte de su vida. Empiezas conociendo su entorno, evalúas las diferentes estrategias para llamar su atención y sopesas las posibilidades que podrías llegar a tener.

Durante un tiempo te centras en cuales serán tus mejores cualidades. Eres creativo, te apasiona escribir, el diseño gráfico no se te da nada mal e incluso estás a la última en cuanto a redes sociales. Pero sabes que ella no se va a con cualquiera, tienes que tener ‘algo’. Ese algo que te haga destacar entre la multitud de candidatos y que le saque los colores de vez en cuando.

Así que una mañana, tras reunir las suficientes agallas, coges la chaqueta, afilas la lengua y, con una decente carta de presentación bajo el brazo, sales a por ella. Llevas un ramo de flores. Girasoles en este caso, quieres sorprenderla y tratar de ser original. Tienes aprendidas de memoria varias frases y algún que otro chiste de los malos, que son los mejores. Y tras imaginar el encuentro, por fin llamas a su puerta.

¡Dios, cómo impone! –piensas-. Y de repente su carácter arrollador te barre de arriba a abajo. No sirve de nada la estrategia, las muletillas o los ases guardados en la manga. Te mira con esa indiferencia que te desespera y a la vez te desata. Eres uno más entre los cientos que esperan en su puerta. Ella pronuncia las palabras por compromiso y te despacha en menos tiempo del que habías tardado en decidirte a llamar. Y entonces, entiendes que no hay reglas, no hay fórmulas mágicas o rumbos a seguir. No valen poemas, regalos o joyas preciosas. Ella no es así. ¿Ella? Ella usa Convers. Los tacones los deja para ocasiones especiales. Se viste con lo primero que pilla y no le importa el aspecto que tenga. Se suele recoger el pelo con un lápiz y en su mesita de noche no faltan libros. Es atrevida, vivaz e indiferente ante todos. Y, sobretodo, nunca presumiría de su habilidad para reinventar la rueda.

Llegas a casa con el sentimiento de derrota, pero en el fondo sabes que has nacido para estar con ella; para hacerla reír, para sorprenderla. Así que, te pones manos a la obra. Aprendes de los maestros y escuchas cada consejo que llega a tus oídos. Te encierras en tu cuarto y hasta que no tienes una idea lo suficientemente buena como para hacer ruido, no abandonas.

Vuelves a la carga. Superas el miedo del primer rechazo, del segundo, del tercero…Hasta dudas de lo que te dijo tu padre: quién la sigue la consigue y ya piensas en conformarte con otra. Pero sigues luchando porque una vez que consigues entrar en su vida, la tuya cambia…

…Y es que la publicidad es lo que tiene.

 

Francisco J. Rincón Liévana | Creativo a saldo • Ex alumno del Máster Creatividad Publicitaria
Artículo publicado en la Revista Creactiva nº05