¿Cómo puedes saber si tu idea es buena?

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Todos los creativos que trabajamos en el ámbito del diseño gráfico, la publicidad, el diseño web o el marketing digital nos formulamos constantemente esta fatídica pregunta: ¿Mi idea es buena? Responder no suele ser fácil, es más, objetivamente es imposible. En realidad, hasta que una idea no se implementa y pueden cuantificarse los resultados, ni la intuición más felina ni la opinión del mejor experto te aseguran que tu idea vaya a funcionar. ¿Cómo puedes saber entonces si tu idea es buena o mala? A continuación te damos algunos consejos para reconocer una buena idea.

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1. Tu idea debe cumplir el briefing

Si tu idea no respeta el briefing, ya estás tardando en descartarla. Aunque te duela hacerlo, aunque a ti te encante y te parezca la mejor idea del mundo, si el cliente ve que te has saltado el briefing, te la va a tirar inmediatamente. Lo primero y más importante es que tu idea cumpla con el briefing. Es decir, que tu mensaje persiga el objetivo que te ha definido el cliente, que respetes el look & feel de la marca, que dirijas el mensaje al público objetivo que te han determinado y que hayas tenido en cuenta todas las recomendaciones y necesidades que te ha transmitido el cliente. No pienses en ti y aparca el ego. Tu idea debe estar al servicio del objetivo de tu cliente.

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2. Tu idea debe ser concreta

Si tu idea no se centra en un mensaje concreto, no se va a entender. Tienes que comunicar un mensaje, y cuando decimos un mensaje, nos referimos exactamente a eso, a un mensaje. Ni dos, ni tres, ni cuatro. Tu idea debe enfocarse en un mensaje único. A los más veteranos esto les sonará a la “USP”, Unique Selling Proposition, la proposición única de venta, la famosa técnica de los clásicos de Madison Avenue que se basaba en definir una única propuesta sobre la que apuntalar el mensaje de cualquier campaña. Por ejemplo: “Si usas este champú, acabarás con la caspa” o “Bebe este refresco y estarás a la última”. Sin una propuesta concreta, tu idea tendrá los pies de barro y será confusa. Si tu idea no comunica un mensaje único y concreto, descártala.

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3. Tu idea debe ser original

No nos equivoquemos. Los creativos estamos obligados a ser originales. Eso es lo que esperan los clientes de nosotros. Si no, seguramente ellos mismos harían nuestro trabajo. Lo que buscan son mentes creativas que les aporten ideas que les permitan destacar sobre sus competidores y que sus productos y servicios llamen la atención. Para eso las ideas neutras y grises no les sirven de nada. Así que toca desmelenarse y romper moldes. Y no temas. Si tu idea cumple rigurosamente el briefing y es muy concreta, por muy disparatada que pueda parecer, al cliente no le quedará más que reconocer su valor. Y si no la aprueba, será porque no se atreve a producirla, pero no porque tu idea sea mala. Y créeme, es mejor que el cliente te posicione como “demasiado creativo” que como “poco creativo”. Demuéstrale que tus neuronas está a pleno rendimiento, pero cumple siempre el briefing y crea mensajes concretos.

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4. Tu idea debe ser sencilla

Si una idea es complicada, sólo la entenderás tú. Si necesitas explicarla, descártala, no es una buena idea. Las buenas ideas se explican por sí solas, son autosuficientes, se presentan y punto, no necesitan manual de instrucciones. Y tampoco se trata de Cine de Autor. Una buena idea la debe entender todo el mundo, todo el mundo que pertenezca al público objetivo que te marca el briefing, claro está. Si tu idea va dirigida a amantes de la cocina japonesa, no te preocupes si no la entienden las personas que no disfrutan con esa gastronomía. Eso querrá decir además que tu idea es concreta y vas por buen camino. No pienses que la sencillez es un defecto, ni muchísimo menos, la sencillez es una virtud que muchas veces brilla por su ausencia. En el diseño gráfico, la publicidad, el diseño web o el marketing digital la frase “Menos es más” es un mantra que debes repetir incesantemente. Y créenos, construir un mensaje sencillo no es fácil, es algo muy complejo.

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5. Tu idea debe ser autoexpansiva

Las buenas ideas siempre son autoexpansivas. Es una buena manera de reconocerlas. Es decir, se contagian, van de boca en boca. Si cuando cuentas tu idea, la reacción de la gente incluye silencios incómodos o miradas inexpresivas, tu idea no es buena. Sin embargo, si tu idea inspira nuevas sugerencias, detalles o aportaciones, estás en el camino correcto. Las buenas ideas inspiran, despiertan, descolocan. Llaman a la puerta a golpes y corren como la pólvora. Cuando eso sucede, parece magia. Lo reconocerás enseguida. Ese momento “eureka” es una sensación inconfundible.

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6. Tu idea debe emocionar

Los seres humanos somos seres emocionales. El hemisferio izquierdo, el racional, se las ve y se las desea para controlar al hemisferio derecho, el emocional, y esa batalla no suele acabar en tablas. Nuestras emociones condicionan nuestras decisiones. Por eso si ves que tu idea provoca una sonrisa o una mueca de asombro, tu idea va a funcionar. Si no hay ninguna reacción, descártala. No va a llamar la atención, y mucho menos va a interesar. Las ideas que van directas al corazón son las que suelen funcionar. No hay encuesta o test que te asegure el éxito, pero conectar con el alma del ser humano es un valor seguro. Detrás de cada consumidor hay una persona que se ríe, llora, paga su hipoteca o sueña con viajar este verano.

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7. Tu idea debe transmitir un beneficio

En la comunicación comercial, todos vendemos algo. Y si queremos que alguien pague por ello, debe reconocer enseguida un beneficio. ¿Tu idea transmite que resuelves un problema? ¿O que satisfaces una necesidad? Tu público objetivo debe percibir que el producto o servicio que ofreces les resulta beneficioso y que les merecerá la pena desembolsar su dinero o cambiar su actitud ante un tema concreto. Una idea que no transmite un beneficio no es una buena idea.

La próxima vez que quieras evaluar tu idea, prueba a recorrer este siete pasos que te hemos descrito. Te ayudarán a reconocer una buena idea. Y recuerda, tu idea debe estar al servicio de tu cliente. Tú eres un intermediario. Con una herramienta muy poderosa, eso sí, tu creatividad.

 

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